Según estudios del Instituto Internacional de Avicultura (IPI), hasta un 30% de las pérdidas productivas en granjas de gallinas ponedoras se deben a estrés térmico no gestionado. En países como México, Brasil o Colombia —donde las temperaturas diarias superan los 30°C durante meses— la producción de huevos puede caer hasta un 15% si no se implementan sistemas de ventilación y regulación de temperatura adecuados.
Un sistema de ventilación bien diseñado mantiene una humedad relativa entre el 50–60%, lo cual reduce significativamente la proliferación de patógenos como Mycoplasma gallisepticum o virus de la bronquitis infecciosa. Las granjas con diseño de flujo cruzado (cross-ventilation) reportan un 40% menos de casos respiratorios en comparación con las que usan solo ventiladores laterales.
La clave está en mantener un entorno estable. Cuando la temperatura ambiente oscila entre 18 y 24°C, las gallinas no experimentan estrés térmico ni disminución en la actividad reproductiva. Estudios de la Universidad de Cornell muestran que cada grado por encima de este rango reduce la postura diaria en aproximadamente 0.7 huevos por ave. Un sistema de control automático basado en sensores IoT puede reducir esta variabilidad en un 90%.
Los jaulones fabricados con acero Q235 recubierto con zinc-aluminio (Aluzinc) resisten la corrosión incluso en ambientes húmedos y con alto contenido de amoníaco. Esto evita la necesidad de reemplazos frecuentes y reduce costos operativos a largo plazo. Una granja en Perú que cambió sus jaulas antiguas por modelos con este material vio una reducción del 60% en gastos de mantenimiento anual.
Un sistema integrado de recolección automática de huevos y eliminación de excrementos mejora la higiene y permite que el personal se enfoque en otras tareas críticas. En granjas donde estas funciones están automatizadas, el tiempo dedicado a limpieza baja un 70%, lo que también reduce el riesgo de transmisión de enfermedades por contacto directo.
La filosofía “el entorno es productividad” ya no es teoría: es una realidad demostrable en granjas exitosas de América Latina, Europa del Este y Asia. Al optimizar cada detalle —desde la temperatura hasta el material del equipo—, los criadores no solo protegen su ganado, sino que también aumentan la rentabilidad y cumplen con normativas internacionales para exportación.
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